El Circo Price me pareció anoche un lugar mágico en Madrid, donde el grupo de Mark Everett -Mr.E- me hizo guardar en mi memoria un concierto que quiero recordar al milímetro durante muchos años. Un afortunado regalo de cumpleaños, sin duda.

Lo que parecía ser la presentación de su trabajo número once, The Cautionary Tales of Mark Oliver Everett, se convirtió también en un repaso de Daisies of Galaxy, acompañados, además de versiones de temas que erizaban la piel: Can’t Help Falling In Love, de Elvis Presley, y Turn On Your Radio, de Nilsson.

La elegancia de Mr. E no quedó ahí. Fue una persona cercana. Tan cercana que bajó al patio de butacas a abrazar a sus fans. Sí, había señoras que corrían a darle un abrazo, y él, con su traje y corbata, sin despeinarse, se los daba de mil amores. Había buen rollo. y preguntaba quién asistió a su concierto de 2013 en La Riviera… “Me gusta España”, decía recordándolo -muchos también recordamos el de 2011 en el primer Dcode-. Luego advertía: “Pues hoy se acabó la diversión. No habrá rock ni roll”. Ni mucho menos. Un concierto diferente, pero con mucho rock y mucho roll, muy buen espíritu y tanto flow que el público no se arrancó a bailar en pleno teatro por guardar las maneras, por respetar aquello que pintaba ser un patio de butacas, cuando todos deseaban que fuese una pista de baile. Tuvieron que bastar las palmas.

Hora y veinte con dos bises incluidos son los resultados cuantitativos del concierto de anoche, con público hasta la bandera. Un show tan cuidado al detalle, con tan buena acústica -algo difícil de encontrar en las salas de Madrid-, que ni un murmullo se atrevía a empañar aquella pureza de ambiente en el que hasta un fallo de micrófono no impidió que el contrabajo se escuchase igualmente. Una voz desgarradora y un espectáculo tan íntimo y tan cuidado que era pura artesanía fue el producto de una de las noches de Los veranos de la Villa de Madrid. Una maravilla.