Todo afortunado que haya viajado a la Ciudad de la Luz no habrá podido pasar por alto la gran torre. Es visible desde casi cualquier punto de la ciudad. Sus destellos durante los cinco primeros minutos de cada hora, un espectáculo kitsch que termina por parecer brillante -nunca mejor dicho- a los deslumbrados viandantes, engalanan aún más a este monumento ya de por sí singular.

La Torre Eiffel lleva siglos siendo la sensación parisina. Lo fue a finales del siglo XIX, construida para la Exposición Universal de París. Conmemoraba el primer centenario de la Revolución Francesa. También lo fue cuando en 1909, fecha de su previsto desmontaje, quedó en pie gracias a la Armada Francesa que instaló en ella una antena de radio. Y así han sucedido los 125 años que el monumento tiene, hasta llegar a la actual y recién renovada primera planta, con suelo acristalado. Una delicia para quienes sufran vértigo.

Grandes miradores de vértigo

Muchos más años que la Torre Eiffel en París lleva erigida la de Londres en la Ciudad del Támesis. La que fuera la cárcel de traidores, con puente incluido, se suma a la moda. Sobre la pasarela del Puente de la Torre de Londres se ha instalado una cristalera que hace las veces de suelo. Otro monumento que se suma a la moda del vértigo. Son edificios cuyos límites hace que se una legión de mariposas en el estómago del visitante. No obstante, aunque impresiones, se trata de los miradores acristalados de menor altura. Aquí un repaso en metros del resto.

miradores de vértigo infografía

* Las cifras recogidas en el gráfico representan la altura en metros de cada pasarela